martes, 30 de septiembre de 2008



En mis días


diarios


de suicidio diurno


cuando veo largo


el camino


y curva mi sombra...


Quiero recoger
las hojas


que cayeron
de mi pecho


confundido.



Es esa
mi marcha,


por ese vagón


de tantos años...


mi andar cansado,
solitario,
amargo


tendré
que dejarme arrastrar
a fuerza lenta.



Aunque
en algún


momento
muestre fuerza


avanzaré al ritmo
de las cadenas.


lunes, 22 de septiembre de 2008

He allí un hombre:
un hombre es un hombre
con sus cumbres y sus desiertos
agostos
y otoños transversales.

Pero mejor hablemos de una caja:
sus candados
su vuelo o amores
de sus sueños siderales
y sus estados maternales;
como también podríamos hablar del mar
su laberinto o lágrimas
su muerte
su septiembre o diciembre
sin embargo todo esto cae por antonomasia.

Como sea,
siempre termino hablando la misma cosa.

viernes, 19 de septiembre de 2008

Mi vida es...

Mi vida es un pasaje de confusas avenidas,
de sonrisas fingidas, donde
un hombre gris duerme
con algunos sueños fracturados
y se esconde bajo cielos y soles oxidados.

Hay momentos
que me espanta los reflejos;
hay tardes
que el asalto me socava
y huyo a esconderme en algún rincón bermejo.

Sin embargo, en ese mi aleteo
de buitre, de cisne ciego
encuentro laberintos espesos
que me hacen temblar
cual gotas de metales.

Mi vida de compañías,
de brisas
de jirones rotos, todos juntos y mi escombro.

viernes, 5 de septiembre de 2008

En mi pórtico me sentaba a fumar viendo de vez en cuando a los transeúntes que afligían su paso, a algún niño alegre con algún juguete corriendo o caminando como si pensara en todo. Entendía muy bien que de vez en cuando una figura monstruosa venía a romper los cristales que me cubrían de la soledad, que existía fuera de todo mí ser.

Los carros que pasaban por esa calle solitaria,
las aves que inspiraban su vuelo
mis cigarrillos y mi cuarto siempre estaban allí
como si no los hiciera falta
y podrían hundirse lentamente sin que notaran mi existencia.

Las manecillas de mi reloj y los espejos que por siempre evadí en mi vida.
¡Todo se olvidaba, como si no debiera forzar más a mi corazón y mi mente!

A veces parecía un bulto suelto
volcándose eternamente,
un beso de judas
al cual la multitud derramaba lágrimas por mi vida,
un hombre gris que amaba los días fieles
y lloraba bajo mis sábanas.

Pero siempre estaba el reloj con su tamboreo
y mi tasa que sobre el té flotaban moscas…

Mi vida,
mi soledad
mi grande muro indestructible...Donde había habitado eternamente
y embriagado de sueños, todo se había derrumbado y caído
sobre mí hasta triturar cada pesazo de mis huesos y mi alma.